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Sencillo y emotivo enlace donde los invitados disfrutaron de un día maravilloso en todos sus aspectos donde no faltó de nada en tan singular día. Todo transcurrió según estaba previsto: la novia, tarde; el novio, nervioso; los padrinos, orgullosos; los invitados, ansiosos; la iglesia, espectacular; el convite, impecable; el baile, tradicional; las copas, muchas.
Con este marco, todo salió a pedir de boca. La novia estaba guapísima, con un traje color crema de tirantes y un largo velo. La boda (hasta que vi) atípica, con el sermón del cura antes de la ceremonia de casamiento y luego no sé más hasta que salieron los invitados de la iglesia y se realizaron las típicas fotos (pido disculpas por no hacer acompañar ninguna de ellas a este texto) previas a una desesperada caza de un taxi que nos llevara al convite. Una vez allí, la recepción fue exquisita con unos acertados entrantes, a los cuales siguieron una muy bien presentada combinación de mariscos y la consabida carne, no sin antes degustar un sorbete de mandarina al cava. Cerraron la comida la deliciosa tarta y unos helados de crocanti con chocolate para dar paso al baile, abierto como no podia ser de otra manera por los novios con el típico vals (el cual esta vez fue correctamente bailado -se nota que en atauta se baila-) "boicoteado" por la entrada prematura a la pista de alguno de los invitados. Del resto del baile, pues de todo hubo, desde momentos en los que solo había una única pareja bailando un pasodoble (ya sabeis quién era uno de ellos -la otra persona, mi hermana-) hasta el momento del paquito que fue el punto donde mas gente hubo. Entre tanto el alcohol hizo su aparición, el cual acompañó el baile hasta su final, y posteriormente a los invitados también fuera del hotel, hasta, a algunos, elevadas horas de la noche (lo cual se pagó al día siguiente, vivido en primera persona). En definitiva, día para recordar donde los novios y todos los invitados disfrutaron del mismo con alegría. |